«En el abuso de poder no hay mundos aparte»: Vázquez Mota

No hay mundos aparte cuando se habla de violencia y abuso de poder, asegura la senadora Josefina Vázquez Mota (Teziutlán, 1961), quien narra su experiencia en el medio político, “donde han existido siempre diversas clases de violencias que dañan la vida y la trayectoria de nosotras las mujeres. Callarlo nos hace cómplices”.

En entrevista con La Jornada, a propósito del lanzamiento del libro Alas rotas: cómo prevenir la violencia sexual infantil y ayudar a las víctimas (Grijalbo), que ella coordinó, la ex candidata panista a la Presidencia dice que urge un debate para que todos se den cuenta de que el pacto patriarcal del que tanto se habla existe en las altas esferas del poder y agrede a mujeres con carreras profesionales sólidas.

Denunciar la violencia contra las mujeres en el ámbito político, considera, atravesará el mismo proceso que se vive en casos más dramáticos de abusos, “pues es el principio que ha venido rigiendo y que, lamentablemente, ayuda a los criminales en casos de acoso sexual: se da prioridad al ‘no te creo’, ‘no es tan importante’, ‘estás mintiendo’ o ‘por qué no lo dijiste antes’.

“El desprecio por el argumento de ellas es total. Si en los casos dramáticos donde hay evidencia, testimonios y denuncia hay quienes consideran que no es violencia, en el ámbito político peor, por eso hay que hablarlo, dejarlo claro, repetirlo; sí existen el abuso de poder y violencia aquí.”

La senadora insiste: “Hay que romper ese techo de cristal. Se piensa que por el simple hecho de estar en la política sencillamente no suceden violencias y abusos, pero los hay: verbales, sicológicas o no acompañar a una mujer en sus propósitos políticos de crecer.

“La violencia la seguimos viendo en este proceso electoral, cuando hay candidatas fuertes que lo han logrado con mérito y esfuerzo, y los raseros con los que se les juzga son muy diferentes a cualquier otro varón que está en el mismo camino de búsqueda de un puesto de elección popular; incluso, las preguntas y miradas no son las mismas. Es la realidad, y no se trata de victimizarse, sino de reconocer que sucede.”

Hace unos días, en el foro Unidas somos más fuertes, que organizó el PAN en Querétaro, Vázquez Mota declaró que Vicente Fox y Felipe Calderón incurrieron en violencia de género en su contra cuando ella buscaba la Presidencia de la República en 2012 (La Jornada, 11/3/21).

Al respecto, la legisladora cuenta que ha recibido llamadas “de hombres de la política y me han dicho: ‘Te tardaste mucho en decirlo, pero qué bueno que lo hiciste, qué bueno que rompiste el silencio’, porque esto ha sucedido siempre y, probablemente, por no querer comentarlo o abrirlo, lo hemos venido guardando, y al hacerlo una misma, de manera involuntaria, se hace cómplice o al menos un aliado silencioso de esa clase de violencia que daña a muchas otras mujeres; seguramente a mi historia se van a sumar otras”.

Vázquez Mota recuerda que cuando fue candidata presidencial la pregunta recurrente era: ¿México está listo para tener una mujer presidenta? “¡Es una descalificación! Cuando nos hagan esta pregunta, las mujeres no debemos responder, es como preguntar a un medio de comunicación si está listo para tener una directora. Son micromachismos que se van normalizando. Esa pregunta nunca se hace a los hombres candidatos, independientemente de su ideología; se da por hecho que Mexico está preparadísimo para tener un hombre presidente, en un país donde tenemos millones de jefas de familia, donde muchos de los que me hicieron esa pregunta venían de hogares encabezados por jefas de familia, con parámetros y referencias de mujeres fuertes, resilientes.

“Siempre voy a agradecer que hubo mujeres y hombres del PAN que lucharon a alma partida y brazo abierto por mi candidatura, pero desde donde estaban las decisiones de mayor poder, ellos no estaban ahí y eso, en su momento, fue violencia en mi contra, pues una cosa es ir a cualquier batalla con piso parejo y otra bajo condiciones que no son las mismas para todos; fue un ejercicio del poder que me dañó.

“Ahora, en los discursos oficiales se celebra a la mujer, pero cuando se trata de romper el techo de cristal o de las posiciones del poder claves, todo cambia. Una mujer en la política es simpática, muy trabajadora, o puede tener un reconocimiento, mientras los liderazgos sigan siendo masculinos. Pero no se vale; para una mujer, llegar a la Presidencia de la República o disfrutar de un poder en otro ámbito, ahí se hace un alto y no hay ese acompañamiento que tienen los hombres.

“Por eso, también entre mujeres tenemos que reaprender las lealtades. No me refiero a estar del lado de la traición, del odio o la venganza, sino de hacernos la pregunta si ellos se comportarían igual con otro hombre o permitirían ser tratados como se me trató en mi campaña.”

La senadora está convencida “de que este país necesita a los hombres para que seamos un mejor país; es decir, mi visión del feminismo es reconocer que hemos avanzado, pero es mucho lo que falta por hacer.

“Alcanzar la paridad es insuficiente si 50 por ciento donde están los hombres es donde radican las decisiones del poder y 50 por ciento de las mujeres no lo ejerce. La paridad real será cuando 50-50 sea no sólo en el número, sino en los cargos donde se ejerce el poder y donde realmente se rompen los techos de cristal y los pactos patriarcales.

“No quiero un país sin mujeres, pero tampoco sin hombres. Quiero un país con hombres comprometidos con nuevas masculinidades, con una manera distinta de mirarse a ellos mismos y luego a nosotras, sin miedos, sin abusos de poder normalizados como sus privilegios.

“Hay que hablarlo, romper silencios, mitos, tabúes, para abrir una brecha más amplia, sobre todo para las nuevas generaciones, para las mujeres que vienen a nuestro lado, para que no tengan que enfrentarse a lo mismo, que tengan un camino más amplio, con menos obstáculos, con pisos parejos, donde se pueda competir, ganar o perder, pero sin violencia ni abusos de poder”, concluyó la presidenta de la Comisión de Derechos de la Niñez y la Adolescencia en el Congreso.

Fuente: La Jornada

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