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Lunes 25 septiembre 2017
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CONVERSIÓN DE TIERRAS EN LA SIERRA DE SAN JUAN.

Escribe: Vicente Rocha

Hace un par de días subí al Cerro Bola (Xalisco) con la intención de observar los daños al monte después de los incendios forestales recientes. En esa parte de la Reserva de la Biosfera Estatal Sierra de San Juan la afectación en términos de superficie es total, no hay áreas exentas del impacto de las llamas. En los árboles adultos de pino y encino -principales elementos de la vegetación- su gruesa corteza los protegió del siniestro, y por lo pronto tienen un aspecto saludable (habría que estar atentos si más adelante el estrés causado por los incendios afecta su vigor y favorece a la aparición de plagas y enfermedades). Por el contrario, los individuos en etapa de desarrollo juvenil no corrieron la misma suerte y sucumbieron frente a los eventos; lo mismo la vegetación arbustiva y herbácea, la cual, afortunadamente, merced a las presentes lluvias, ha comenzado a repoblar de nuevo el sotobosque.

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Junto a la anterior problemática, en las áreas recién siniestradas se presenta una circunstancia aún más catastrófica: el cambio de uso suelo en terrenos forestales. Con esto me refiero a la proliferación de plantaciones de cultivos perennes –principalmente aguacate- en áreas donde antes de la pasada temporada de incendios el bosque de pino-encino era la vegetación predominante. Sí, tal como se lee: aprovechando los daños por el fuego ocasionados a la vegetación original, los dueños de terrenos forestales los están convirtiendo en huertas agrícolas, a pesar de la ilegalidad y de todos los impactos ambientales negativos a las partes alta y baja de la cuenca que este cambio de uso conlleva.

Huelga decir que el avance de la frontera agrícola a expensas del bosque no es algo nuevo en la Sierra de San Juan, lo cuestionable es que las oficinas federales y estatales encargadas de la gestión ambiental no implementen acciones para monitorear las áreas recién incendiadas, no sólo para evitar su conversión en terrenos agrícolas, sino también para ejecutar actividades dirigidas a su paulatina recuperación.

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Este panorama está íntimamente relacionado, por ejemplo, con los últimos debates surgidos a raíz de las inundaciones en Tepic, se hablado mucho de las causas que las originan y hasta se han planteado acciones para su atención, lo curioso es que todos esos planes proponen acciones locales sin considerar lo que sucede en las áreas de captación de lluvia, es decir, en los terrenos ubicados dentro de la Sierra de San Juan. Sin esa “visión de la cuenca”, que es el reconocimiento del ciclo hidrológico completo y sus relaciones con el resto de los factores físicos, biológicos y sociales que se conjugan en las tierras altas, y que a su vez impactan en el volumen de los caudales, ninguna solución a las inundaciones en la ciudad será viable.

Así pues, por todos los servicios ambientales que nos proporcionan las áreas arboladas ubicadas en las partes altas, urge atender la conversión de tierras derivada de los recientes incendios en el ANP Sierra de San Juan. De otro modo, seguiremos instalados en ese paradigma que no reconoce ni la dinámica, ni la importancia, ni el intercambio de materia y flujo energético dentro de las cuencas (ciclo hidrológico completo). Y todo porque los de acá abajo (los del valle) casi no miramos hacia arriba (a la sierra), y viceversa, tal como lo expresa ese conocidísimo verso josealfrediano: “yo pa’rriba volteo muy poco, tú pa’bajo no sabes mirar”.

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