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Lunes 25 septiembre 2017
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Los endémicos males de la educación.

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LA CUARTILLA.

Miguel González Lomelí.

Recientemente tuve oportunidad de viajar a una comunidad tan remota -si las hay- del municipio de Jala, ubicada al fondo del gran cañón donde se encuentra el vaso de la presa “El Cajón”.

La comunidad lleva por nombre Cofradía de Buenos Aires. Para llegar a ella hay que hacer un viaje de cuatro horas por un camino a prueba de resistencia, tanto del vehículo como de los viajeros.

Desde la cumbre de la serranía de la meseta de Juanacatlán se emprende una bajada que pareciera nunca va a terminar, pero lo verdaderamente preocupante es cómo se va hacer el regreso en una ascensión que pareciera a ninguna parte.

La comunidad es pequeña, unos 150 habitantes que viven de una agricultura de autoconsumo y de otros cultivos que el ejército mexicano sabe muy bien que existen, como los señores de “la maña”, dicen por allá.

Pero lo que importa ahora es destacar la situación que priva en lo educativo: sí, tienen escuela, consta de dos secciones, una de construcción antigua y otra reciente.

El descuido y el abandono son las características que se distinguen de inmediato: montones de escombro en las áreas libres; cestos para basura tirados, baños, aún los nuevos, sucios y llenos de papeles de desecho.

En fin, allí no hay un remedo siquiera de limpieza, de gusto para hacer atractivo el edificio escolar.

Me imaginé el tipo de trabajo educativo que debe llevarse a cabo en esas condiciones.

Cuando pregunté al juez auxiliar municipal por el profesor o profesora que atiende la escuela, me informó que se trata de una maestra joven originaria de Bahía de Banderas que todos los viernes, en cuanto puede, se retira a su lugar y regresa los lunes, también en cuanto puede.

La comunidad no tiene un servicio de transporte público; existe un acuerdo para que una familia la lleve, cada semana, a El Ahuacate, comunidad d Ixtlán del Río de donde ya existe un transporte de pasaje.

En ocasiones, ocurre que la maestra llegue pasada la hora del trabajo escolar; con frecuencia, tiene que quedarse en la cabecera de Ixtlán, donde se encuentra la oficina de Supervisión Escolar para realizar trámites o reuniones, por lo que el total de horas trabajadas a la semana se ve considerablemente afectado.

Se trata de una escuela multigrado y de la capacidad de la profesora para la realización del trabajo pedagógico en ese tipo de escuelas, no tengo idea alguna.

Es de destacar que la aestra no tiene ningún otro vínculo con la comunidad. Por otra vía indirecta me informé que ella es bastante atractiva y que los jóvenes de la comunidad la acosan.

Por su parte, las mujeres muestran una actitud poco dispuesta a cooperar con las medidas que la maestra toma en cuestión de limpieza y aseo de los niños, por ejemplo. Vaya esto en descargo de su poco interés por convivir con los habitantes.

Un caso de la educación en los años 40s: la Maestra Ma. Del Refugio Hernández originaria de Jomulco, inició su trabajo en Tatepuzco, municipio de La Yesca, en plena Sierra Madre; el traslado se hacía a lomo de remuda en dos jornadas.

Su estancia en la comunidad era de septiembre a diciembre; de enero a marzo-abril; y de abril a junio. Por las tardes, trabajaba con jóvenes, alfabetizaba, a las mujeres enseñaba algunas labores domésticas y los domingo organizaba jornadas deportivas.

El esquema de maestra entregada plenamente al trabajo comunal para contribuir al desarrollo integral de los ciudadanos, se cumplía fielmente.

Termino con una cuestión quemante: ¿Es o no la educación actual un fracaso nacional?

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