Search
Martes 12 diciembre 2017
  • :
  • :

LA RECONQUISTA DEL PODER DE LOS ECHEVARRÍA

chuchos_4

20883302_1564732396923495_884427849_o

 

 

 

 

 

 

Por Vicente Rocha

 LA RECONQUISTA DEL PODER DE LOS ECHEVARRÍA (O EL RETORNO DE LA TRAGEDIA BAJO LA FORMA DE FARSA*).

“Hay gente que adora la plata y se mete en la política. Si adora tanto la plata, que se meta en el comercio, en la industria, que haga lo que quiera, no es pecado, pero la política es para servir a la gente” (Pepe Mújica).

Vicente Fox, el empresario cocacolero

Vicente Fox Quezada, exgerente en Coca Cola, en los inicios de su administración, allá por el año 2001, expresó: “el mío es un gobierno de empresarios, por empresarios y para empresarios”; al final de su sexenio el país conoció el alto costo de tener en el poder en México a una derecha superficial, ignorante, mal educada y sin sentido de la responsabilidad. El gobierno “empresarial” que anunció Fox resultó el gobierno de un grupo con una enorme voracidad acompañada con una tremenda falta de humildad y de realismo. Quedó demostrado que haber podido manejar una empresa privada no prepara a nadie para enfrentar con éxito el manejo del poder político. Dominar los elementos de la oferta y la demanda en el mercado, poco o nada tiene que ver con manejar la complicada trama de intereses, conflictos y proyectos de que está hecha la política, máxime cuando sé es un completo advenedizo.

La irrupción de los empresarios en el poder

El papel de los empresarios en la sociedad es muy importante y su responsabilidad ante ella se puede resumir en la generación de empleo y riqueza (su nicho por excelencia), así, al ser un motor en el crecimiento económico y al tener trascendentales relaciones con los gobiernos en turno, su influencia en la política es notoria.

En México después de la Revolución Mexicana los empresarios se mantuvieron alejados de los círculos del poder; sin embargo, en los años setenta empezaron a participar más en la actividad política por desavenencias con algunos presidentes pero en general su papel durante el priísmo fue algo marginal. Fue en la última década del siglo pasado y especialmente después de la alternancia cuando los hombres de empresa empezaron a participar vigorosamente en la toma de decisiones gubernamentales y desde el ejercicio del poder mismo como autoridades elegidas (gobernadores, presidentes municipales, legisladores) en la defensa activa de sus intereses.

Esta irrupción en el poder ha sido fuertemente criticada por diversos analistas bajo la premisa de que la capacidad técnica, la competencia, la planificación estratégica y la obsesión por la rentabilidad de los negocios, las cuales son características habituales de los ejecutivos del sector privado, no son las mismas ni son exigibles ni compatibles con la dirección de instituciones públicas.

Los empresarios y su propaganda

El desencanto de los ciudadanos por los políticos tradicionales y la idealización del sector privado y de todo lo que de él provenga explican el éxito de los empresarios en su incursión en el escenario político. Su propaganda se funda en la idea de que son hombres exitosos y esa capacidad la pondrán al servicio de su comunidad (¿ubican el sonsonete: “sudando la camiseta”?). Hacen ver que ya pasó el tiempo de los políticos; se impone, dicen, la época de los empresarios, únicos capaces de reactivar la economía (¿les suena la frase: “lo nuestro son los empleos”?). Subrepticiamente hacen ver que tienen suficiente dinero y no quieren más; harán un sacrificio y se dedicarán por entero al pueblo.

Lo que más bien parece es que ciertos empresarios ya no se conforman con tener intermediarios en los partidos y en los gobiernos para que velen por sus intereses; prefieren lanzarse ellos mismos al ruedo político y ahorrarse las propinas que dan a sus personeros.

La política como negocio

Es así como cada día vemos más empresarios interesados en ocupar un puesto de elección popular sin medir los alcances de lo que dicen y sin preguntarse si tendrán la capacidad para ocupar ese puesto, obviando además el profundo conflicto de intereses.

(Sucede lo mismo con los políticos metidos a empresarios. Aparte de que se gana muy buen dinero en los puestos públicos de elección popular, el mismo cargo les da poder para influir en negocios limpios y otros no tanto, en donde se realizan operaciones que les dejan buenas ganancias. Hay muchas personas que gracias a que le entraron a la política salieron de la situación precaria en que se encontraban y ahora son importantes inversionistas y exitosos empresarios.)

De este modo tenemos ejemplos de empresarios que se encontraban en quiebra y decidieron entrarle a la política partidista y resurgieron, lo que demuestra que es un buen negocio. Otros optaron por combinar sus negocios con la “grilla” y les ha ido muy bien, ahora mezclan ambas actividades, porque la política ha ayudado a sus empresas. Tan cuestionable es un empresario metido a la política, como un político metido a empresario.

La experiencia nayarita

Aunque a algunos les cause escozor, lo que separa la gestión de los intereses corporativos de la gestión del interés común descansa en la dualidad central de la política: el eje izquierda-derecha, y –dice N. Bobbio– en la posición de ambas posiciones ideológicas frente a la igualdad. La izquierda concibe la igualdad social como el objetivo fundamental de su acción política, mientras que la derecha acepta las jerarquías sociales, sobre todo si son consecuencia del esfuerzo individual y del mérito. Si para la derecha el esfuerzo justifica las diferencias sociales, entonces es natural que el éxito individual sea su valor fundamental y que busque allí la legitimidad de acceder al poder, y una vez ahí ubicada, no sea el bien común sino los criterios económicos e intereses particulares el distintivo de sus administraciones.

Pero si las propuestas teóricas no nos convencen de lo pernicioso de la incompatibilidad entre la conducción de una empresa y los asuntos públicos por tratarse de actividades con objetivos distintos vayámonos a lo que la evidencia empírica nos arroja.

En 1999 tuvo lugar en la entidad un ramplón gobierno de empresarios metidos en política, semejante al que México experimentaría con Vicente Fox, su desempeño todos lo conocemos: fue debut y despedida. Hoy día la familia que encabezó aquella malograda administración amenaza con regresar al poder –al parecer, insólitamente, respaldada de nuevo por el PRD- a través de su descendencia, Antonio Echevarría García, un diletante político (¿y empresarial?) promovido con carretadas de dinero y mercadotecnia con lo que se pretende revestirlo con ropajes de estadista para “posicionarlo” y “venderlo” como el mandatario que Nayarit necesita. De aquí la pregunta obligada: ¿un nuevo gobierno de mercaderes que, de acuerdo a las lecciones de la historia, sería la caricatura de aquel de 1999? Esa posible vuelta al pasado es inadmisible…pero posible. Ya lo dijo Marx: “la historia se repite dos veces, primero como tragedia, después como farsa”. (Vale.)

*Farsa: Compañía de farsantes. Enredo, trama o tramoya para engaña

 
 
  •  

Comentarios

Comentarios